Llevo días sin publicar debido a tensiones electorales en mi país. Venezuela está hecha un caos gracias a los resultados. Bueno, igual no estoy conforme pero acepto los resultados. Digo, ni tengo edad para votar. Eeeeen fin.
Mi país es precioso, CARAJO. Está lleno de gente maravillosa, lugares espectaculares, música inigualable, comida exquisita, cada aspecto de este hermoso país, me hace amarlo. Amo a mi tierra. ¡VIVAN LAS AREPAS!
Bueno, hoy no tengo cursilerías para escribir. No estoy inspirada. Genial, ¿no? porque ya deben estar hartos de leer mis pesares.
Soy un Flareon con hambre. Una versión ígnea de un triste pokémon tipo normal llamado Eevee.
Sí, bueno, sigo amando a los pokémon tipo fuego. FIRE RULES. \o/
Bueno, les cuento una pequeña y linda historia.
Érase una vez... un pequeño cachorro. Un cachorro escondido en un callejón de algún barrio pobre. Un lugar donde los disparos a inocentes anunciaban la medianoche. El pequeño ser de cuatro patas, había sobrevivido sólo durante semanas, después de que su madre desapareció, sin conocer las razones. Se alimentaba de lo que encontraba, miserias que la gente desechaba. Logró recorrer el barrio... hasta hallar refugio, en una escuela cercana, donde los niños eran únicos e inigualables, no todos eran niños en realidad, pero lo parecían, sus espíritus eran puros como ningunos. El cachorro, muerto de hambre y frío, se alimentaba de los frutos de un gran árbol de mangos, que crecía en el patio de juegos de la escuela. Se refugiaba por las noches de la lluvia y del frío en los salones en plena construcción. Pasaba sus primeros meses viviendo entre personas que le rechazaban, otras que le acariciaban, y que le daban su piedad... y era feliz, este ser. Un día, de pronto, se enfermó. No se sabe de qué, ni cuándo exactamente, mucho menos qué lo provocó. Y tuvo que ir al baño, por motivos de urgencia, a una de las oficinas del directivo de la escuela.
El director, enfadado, indignado por semejante acto de atroz animal, lo pensó totalmente repulsivo, amenazante, peligroso para todo aquel que pisase el suelo donde se encontraba la escuela. Así que decidió hacer que la echaran de lo que ese animal conocía como su hogar. Lo apaleó y lo echó a las afueras del colegio. El pobre cachorro chillaba de dolor, de tristeza, lo habían sacado de su propia casa.
Pero... vio a una mujer. Una mujer de estatura media, algo gordita, no mucho, hermosa, de cabellos castaños y una dulce sonrisa. Él la reconoció, era una de las profesoras del colegio. Que había traído alimento sólo para él y que le había dirigido miradas dulces y de vez en cuando, caricias que él más que nada, disfrutaba. Ella llevaba consigo un pequeño plato, con algo de agua fresca. Se la colocó enfrente y dijo: "No te preocupes, te cuidaremos bien... estarás bien". Luego, exclamó: "¡Hija, ven, necesito ayuda para llevarla al auto!"
En eso, apareció una niña, de alrededor de diez años, con cabello corto y unos ojos grandes y brillantes, que la acarició y dijo: "Mami, es una niña también". Su madre, acariciándola, respondió: "¿Ah sí? En tal caso... ¿Cómo quieres nombrarla?"
Ella contestó: "Chelsea, mamá, como mi muñeca que se extravió"
Y ambas llevaron a aquella cachorra ahora llamada Chelsea, a su hogar. Y Chelsea, jamás vivió tan feliz en toda su vida. Llena de amor, y cariño como nunca, junto a dos hermanas, juguetonas y apacibles como ella.
The end.
Sé que es largo... pero... que conste, esa cachorra, es mi perrita, esa niña, soy yo. Esa mujer, es mi madre, exprofesora del Colegio para Niños especiales discapacitados de Valencia. hoy tiene 5 años, recién cumplidos, con nosotras. ¡NO AL MALTRATO ANIMAL!


Muy buena la historia, me imagine desde un principio que se trataba de una de ellas, sigue así. ^^
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